La Chinaca
Guasave, Sin., a 23 de abril de 2026.
Cuando iniciábamos con el sueño del llamado “Proyecto de nación”, recuerdo que nos encontrábamos rodeados de grandes mentes que nos inspiraban a leer, a investigar, a cuestionar y a promover la cultura y la Educación. Éramos un grupo de personas que cada vez se hacía más numerosa y que teníamos un propósito claro; pero eso sí, rodeado de varios conceptos que representaban el bastón qué abriría el vasto océano del pensamiento del pueblo y que terminaría consolidando nuestra “Revolución de las consciencias”. Elena Poniatowska nos arengaba: “Si vamos a salvar a México, será a través de la educación y la Cultura”; Paco Ignacio Taibo II resaltaba: “La literatura es fuente fundamental de pensamiento crítico y utópico, por eso hay que extenderla”. Nos convencimos de que la transformación iría de la mano de la ciencia, el arte, la Educación y la Cultura.
Las humanidades son parte esencial de mi existencia, la historia, la política, la cultura y las expresiones artísticas siempre han movido mis pasiones y han conducido mis caminos, ideales y convicciones. El viaje por el estudio de la historia nos ha enseñado que cuando un gobierno deja de escuchar al pueblo, se cierra a sus propósitos y pretende hacer su voluntad a ultranza, la Educación y el conocimiento automáticamente se transforman en un enemigo abstracto, un alborotador de masas qué se opone a “la buena voluntad” de quienes administran, jugando un papel desestabilizador de la buena marcha de los gobiernos. No podemos todavía dejar de sorprendernos al ver las imágenes de la quema de libros perpetuada por el gobierno de la Alemania nazi en 1933, la destrucción de ejemplares durante la Revolución Cultural China, también durante la dictadura en Argentina y la quema de libros en Chile tras el golpe de Estado de 1973; imágenes que abruman, duelen y trastocan la memoria artística, cultural y literaria del mundo moderno.
Por eso, hoy duele ver las imágenes de mi pueblo; imágenes que representan un abandono y desinterés por la promoción y el acceso a la educación y a la cultura para sus ciudadanos, especialmente para aquellos que no tienen acceso a las compras en las grandes librerías como Gandhi, Gonvill, o acá más cerquita: Librerías México; aquellos a quienes los gobiernos tienen la obligación constitucional de garantizar el acceso a la educación y la Cultura y sobre todo para aquellos niños y jóvenes a quienes hay que darles herramientas para que salgan adelante y "qué no nos los ganen otros".
No podemos cerrar los ojos, actualmente, tenemos un municipio sin instituciones formales de cultura, sin autoridades institucionales en la materia, improvisadas por perfiles que nada tienen que ver con el ramo, con espacios mínimos para su promoción, que constantemente son desplazados por eventos y actos que nada tienen que ver con su objeto y con su origen; sin promoción y existencia de eventos culturales que cada vez son más escasos y que han venido siendo sustituidos por fiestas y espectáculos qué en nada abonan al desarrollo y crecimiento cultural de los pueblos; y ahora, como colofón, el anuncio del cierre de una histórica biblioteca municipal para dar paso a más oficinas para la Burocracia municipal. Tal Pareciera que existe una perversa consigna de destruir o desaparecer la Educación y la Cultura en nuestro municipio; lo cual considero impensable.
Los cadáveres de las víctimas amanecen regados en el suelo, abandonados y condenados por quienes juraron cuidarlos, difundirlos y promoverlos. Años de trabajo desechado, nombres, datos, cuentos, historias y narraciones aniquiladas. La letra ha sufrido un fuerte atentado qué indigna y que duele; y tal pareciera que estamos ante la antesala de un periodo de BIBLIOCAUSTO.
Por cierto, con motivo del Día internacional del libro, les recomiendo leer HHhH de Lauren Binet, una novela que mezcla historia con ficción, que en su momento me conmovió y emocionó de sobremanera. ¡Sigan Rockeando!

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